Ya era tarde, el sol caía para recibir la noche, me encantaba observar el atardecer, yo lo consideraba un milagro, mi silla es confortable; amo mecerme en ella y ver de vez en cuando el sendero que lleva a mi casa. Los pastizales se mueven al son del viento.
Allí viene alguien, alcanzo a verlo lejos. Se aproxima con pasos lentos pero agigantados. Cada vez lo veo con más claridad. Al estar casi a tres metros de mi, me señala; lo miro con perspicacia... Se dibuja una sonrisa sarcástica en mi rostro, creo que ya era hora. Extendió su mano hacia mi y yo me levante lentamente apoyándome en las agarraderas de mi silla, lo miré y todo lo que dije fue, "¿porque tardaste tanto?". Me agarre de su mano. Seguí caminando por el sendero con él a mi lado, mis pasos se fueron haciendo más largos, sentí que rejuvenecía, cuando ya casi se ocultaba el sol, los últimos rayos iluminaban mi rostro. La paz y calma que siento son incomparables.
Volteo a ver mi casa con un poco de nostalgia... un suspiro se escapó de mi, allí estaba mi cuerpo tendido sobre la mecedora, se podía ver una paz y tranquilidad. Seguimos caminando.
Le pregunte que si a donde iría estarían mis padres y abuelos, él voltio a verme sin demostrar ninguna facción y asintió. Cada paso era una remembranza de mi vida, mis pensamientos eran infinitos.
...Continuamos hasta desaparecer en la lejanía...
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