“Muchas veces creo que al estar en la luz estoy seguro…”
Mi grupo de amigos
y yo somos muy locos, tenemos ideas que no a cualquiera se le ocurren. Siempre
hemos sido muy unidos, somos los típicos “si se meten con uno, se meten con
todos” una mañana desperté con una idea, tenía ganas de ir a un cementerio en
la noche. De camino a la escuela tenía que contárselo a mi grupo de amigos,
ellos nunca se echan para atrás, entré a mi salón; al verlos se dibujó una
sonrisa en mi rostro… corrí hacia ellos y procedí a contarles mi idea. A Luis
pareció agradarle la idea, mientras que Aarón y José no estaban de acuerdo…
Decían que con los cementerios no se juega, que son peligrosos, pero siempre ha
sido por miedo que ellos sacan cualquier excusa para no ir. Luis y yo estábamos
más que puestos.
Decidimos ir esa
misma noche, llevamos a Aarón y José a
la fuerza. Caída la noche nos preparamos con linternas; el fin solo era sentir
la adrenalina al estar en un lugar como esos por la noche. Saltamos el barandal
y comenzamos a caminar, mientras aluzábamos las lápidas, Luis brincaba de tumba
en tumba. Aarón y José nos seguían de lejos; en ese instante la inscripción de
una lápida captó mi atención, decía: “luz, ahuyenta las tinieblas”. Me quedé un
tanto desconcertado, pero ¿qué más daba? Cada quién podía inscribir lo que
quisiera…
Cuando Luis leyó
esa misma inscripción dijo que sería bueno desenterrar el ataúd para ver. Aarón
y José le advirtieron que si hacia eso ellos se irían y como siempre a Luis no le
importó y comenzó a escarbar. Aarón y José se fueron, mientras yo aluzaba el
lugar. Cuando Luis llegó hasta el ataúd, al abrirlo los dos nos quedamos
atónitos al ver que era piel pútrida; le dije a Luis que lo cerrara de
inmediato ya que el olor era muy fuerte…
Salimos del lugar
lo más rápido posible. Al llegar a casa de Luis fui por un vaso de agua, mi
mano temblaba al momento de levantar el vaso, aún estaba desconcertado por el
cadáver que había visto. Le dije a Luis que me iría a mi casa ya que era muy
noche, él solo asintió con la cabeza. Creo que aún está pasmado por el cadáver
–pensé-
Al abrir la puerta
me despedí… ya estando en camino me di la vuelta para ver la ventana de su
cuarto, pude notar, por medio de la luz, que una silueta traspasaba las
cortinas, lo vi un poco raro pero no me extrañó del todo. Llegando a mi casa,
subí a mi cuarto y me puse mi pijama… tenia in poco de miedo al apagar la luz,
así que la encendí de inmediato. Fue en ese momento cuando pude percibir un
olor fétido, sentí como una mano pútrida y fría me tapaba la boca para no
gritar… Sentí como alguien o algo se aproximó a mi oído derecho y dijo con unas
palabras tétricas: “Gracias por encender la luz, tenía dificultades para
encontrarte en la obscuridad”. Después de esas palabras, mis pensamientos se
tornan lúgubres, se pierden mis latidos, puedo ver latir mi corazón fuera de mi
pecho…
… Mi existencia es nula…
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